GLENFIDDICH SINGLE MALT

GLENFIDDICH SINGLE MALT

Christiano Protti

Brand Ambassador de Glenfiddich Single Malt visitó Chile

Una vez más llegó a nuestro país el embajador para Latinoamérica de esta marca súper premium de la famosa destilería William Grant & Sons, para desarrollar talleres dirigidos a bartenders y cenas de maridaje

EL SINGLE MALT escocés más premiado del mundo trajo a Santiago al brasileño Christiano Protti, Brand Ambassador de Glenfiddich Single Malt. El embajador para Latinoamérica de esta marca súper premium de la famosa destilería William Grant & Sons, compartió su vasta experiencia en el mundo del whisky protagonizando talleres dirigidos a bartenders, en una cena de maridaje con Ciro Watanabe, chef ejecutivo del restaurant Osaka.

Hace seis años este apasionado del whisky se convirtió en Brand Ambassador para Latinoamérica de Glenfiddich Single Malt. Todo comenzó en Estados Unidos cuando, estudiando una maestría conoció el producto, le encantó y deseó compartir esto con más personas. “Más tarde recibí una llamada por parte de la marca para representarlos a nivel latinoamericano, y acepté feliz”, recordó Protti, quien agregó que hoy el mercado se ha vuelto más interesante, con incremento en el consumo de single malt en Chile, Colombia, Perú y Brasil, manteniendo gran distancia aún con Norteamérica y Europa.

El experto del whisky Glenfiddich tiene una misión con sus consumidores: educarlos contando la fascinante historia que hay tras la marca, “de esta manera se logra despertar el interés en esta categoría, pues los latinos saben muy poco acerca de whiskys de malta, lo que impulsa que las decisiones de compra estén basadas más en la marca y en el precio”.

“El desarrollo del vino y la cerveza ha llenado de información a los consumidores, por ello es importante que tengan otras alternativas como las que ofrecen estos productos”, dijo. También indicó que todo aumento de consumo es el resultado del conocimiento: “Si se entiende el valor, la historia y lo que está detrás del producto, seguramente habrá una elección más consciente que un simple impulso”. Para ello están haciendo acciones con bartenders, chefs, meseros y dueños de restaurants, capacitándolos e invitando a que incluyan a single malts, ya sea puro o en coctelería, cautivando así a los clientes.

HISTORIA DEL PRODUCTO

El fundador de la destilería, William Grant, fue un empleado contable escocés que inició este negocio en 1887, y sumó con el correr de los años a cinco generaciones. Su familia aún maneja esta destilería ubicada en el mismo lugar que eligiera su fundador: el Valle del Ciervo, tal como el significado de Glenfiddich en gaélico escocés.

Christiano Protti relató la historia de Charles Gordon, tataranieto del fundador, quien se vanagloriaba de tener en su momento el yacht a vela más grande del mundo. En 1963, este glamoroso sucesor logró introducir el whisky familiar nada menos que en el hotel Waldorf Astoria, en Nueva York, pasando así a ser el primer cliente del whisky de malta. Un dato no muy conocido, explicó Protti, es que el single malt se comenzó a consumir recién hace 50 años. De alguna forma esclarece el asunto: “Buena parte de las marcas famosas van dejando de informar los años en sus botellas, porque se han ido quedando sin stock de whisky. En nuestro caso hemos cuidado de ir conservando las diferentes añadas, y por eso nos permitimos poner las codiciadas edades”.

El experto y embajador de Glenfiddich recalcó que “hoy este whisky de malta se puede vanagloriar de ser el más premiado y vendido en el mundo. El 35% del mercado de este tipo de destilado es abastecido por la familia Grant con su marca estrella, en 180 países”.

CÓMO BEBERLO

“Para entender un single malt hay que conocer qué es. Single proviene de único, o sea, todo este líquido que está ahí dentro proviene de una sola destilería, lo que le da carácter y personalidad. Su malta es la cebada que fue germinada y tostada. Es un producto puro, con todo un tratamiento para conseguir un whisky con más intensidad y sabor, con destilación en alambiques de cobre, fermentación en toneles de madera y no en acero, y un envejecimiento en barriles de roble español y americano”. Protti lo diferenció con un blended scotch: “Hay una mezcla de granos de maíz, centeno, cebada, que se elaboran de forma continua en destiladores industriales, que después son mezclados con un single malt para saborizarlos”.

Christiano Protti explicó además las singularidades del producto: “Como todo destilado, al salir del alambique queda por resolver el problema del aroma. Es por esto que se lo coloca en barricas de roble americano donde se ha guardado jerez, ron y hasta bourbon. El 70% del aroma de un buen whisky depende de las barricas que se han utilizado. Es decir, ese aroma a manzana, pera, crema de vainilla y flores frescas tan característico, sumado a la presencia en el paladar de miel, algo de chocolate, café y una insinuación de humo de leña, provienen en su mayor parte de las barricas seleccionadas”.

El embajador describió las características sensoriales de tres de sus productos, todos con 40 grados de alcohol y sus respectivos maridajes. Según su apreciación y gusto personal, una vez abiertos se deben dejar respirar cinco minutos antes de beber, “Glenfiddich, de doce años, es un whisky muy joven, madurado en barricas finas de oloroso sherry y bourbon, aportando un balance en nariz y un sabor refrescante. Marida bien acompañando un carpaccio de salmón, un queso suave o de cabra, jamón serrano o prosciutto”.

El de 15 años está madurado en sherry, bourbon y barricas nuevas medio llenas, creando un whisky armonioso que se vuelve rico y más complejo cada año, “es más dulce, se hace con una complejidad mayor, parece miel. Va muy bien con mariscos, pastas y carbonara, y tal como el anterior, se puede beber con uno o dos hielos”.

El reservado de 18 años posee una maduración en barricas de oloroso sherry y bourbon, construidas por expertos. Luego pasa tres meses en recipientes más pequeños, lo que le otorga un sabor profundo, rico y más complejo. “Es más frutado, perfumado y sabroso. Su intensidad alcohólica baja tras evaporarse un poco en el roble. Yo lo aconsejo con chocolate, helado de crema o simplemente puro, sin mucha agua ni hielo. Los de 21, 26, 30, 40, 50 y 55 años, se aconseja con un buen puro o solo, no se necesita nada más”. Con respecto al de 50 años, señaló que es un whisky del que se elaboran sólo 50 botellas al año, por 32 mil dólares cada una. “Fue hecho en barriles de jerez, que después de 50 años se saca de la barrica y se embotella, o sea, no es filtrado ni se le adiciona agua. Su color es casi negro, pues se elabora en barricas de vino. Es una maravilla, no hay cómo describirlo”.

Finalmente, Christiano Protti dice que me gusta el whisky sour con uno de 12 años o con ginger ale. El de 15 años es muy versátil. Me agrada un Rob Roy con Vermuth, o un Rusty Ale con Drambuie. En gastronomía, el de 18 lo siento bien cocinado en postres, como crème brûlée y otros de leche, y en recetas con más potencia, como carnes de caza. En coctelería he visto un mercado desarrollado en Argentina, en Sao Paulo, Brasil y en Perú”.