No es extraño pensar que en el tradicional barrio de Ñuñoa, este surgiendo en los últimos años, una floreciente alternativa de restaurantes.(NOV. 2004)

El nacimiento de esta emergente comuna data de finales del siglo XIX (1896), cuando un decreto presidencial de don Jorge Montt destinaba un vasto territorio agrícola y de hermosos paisajes a la zona urbana de la capital. Transcurridos pocos años, este apacible sector se transformaba en el lugar predilecto de familias acaudaladas y prominentes intelectuales.
Es en este contexto, que Ñuñoa fue siempre cuna de cultura y esparcimiento familiar. Es así como la casona construida por don Luis Gregorio Ossa y Cerda - que se vinculaba a la minería y salitre de esos años- es la actual Casa Cultural de Ñuñoa y declarada en 1973 monumento nacional por su extraordinaria arquitectura, o el antiguo palacio de la familia García Falabella, que desde 1988 en sus clásicas dependencias funciona la Corporación Cultural de Ñuñoa.

Barrio de armoniosas casonas con balcones y pórticos señoriales, que se disgregan entre vetustos árboles y calles que solemnizan nombres como Manuel Montt, Manuel de Salas, José Domingo Cañas, Pedro de Oña o Aníbal Zañartu entre otros.

El barrio gastronómico de Ñuñoa, es el resultado de la floreciente vida cultural de la Plaza Ñuñoa, donde se cobijan el prestigioso Teatro de la UC - dependiente de la Universidad Católica de Chile- y la fructífera sala La Batuta. Estos, junto sin lugar a duda al esfuerzo que han emprendido los dueños de restorantes y la municipalidad, han reformado la noche ñuñoína.

Unas cuatro cuadras a la redonda que colindan con la plaza, dan vida a pequeños, medianos restorantes y bares que emplazan sus mesas al exterior, dándole una mezcla entre ambiente parisino y mediterráneo. Aquí se aunan locales cuyas especialidades varían entre la mesa francesa, italiana, chilena, internacional, fusión y española. Con dedicada ambientación, cada uno de ellos compite por un público que anda en busca de un sector menos congestionado - que otros de mayor tradición en la capital.

No podríamos empezar a enumerar y descubrir sus propuestas, sin mencionar primero a La Tecla Restaurant, cuya casona en calle Doctor Johow, es ícono de la gastronomía y vida intelectual del sector, pizzas,sándwiches y panqueques, acompañan en su cita a los visitantes,
El Ebano Restaurante con una terminación arquitectónica moderna - en bruto cemento - fija su especialidad en una variada y destacada carta de vinos, junto a tablas para picar, en La Isla ubicada en la Av. Irarrazaval, podremos disfrutar de una comida totalmente orgánica, en un local que nos evoca el campo con decoraciones ad hoc, La Taverna de la Piazza nos invita desde su estratégica localización en la esquina de Irarrazaval con Manuel de Salas, a la comida tradicional italiana, con el estilo sugerido por el chef. Otro de los pequeños y románticos sitios es el bistro El Amor Nunca Muere, con una carta de selecciones francesa como Crèpes Pasional, el Fondue Amor Fundido u Omelette de queso, junto a el se encuentran El cuarto café y Café de la Plaza el primero con un ambiente para compartir junto a un café, y degustar sus helados Edy's, tortas o pie de limón entre otras alternativas. Mientras Café de La Plaza con carta renovada, nos ofrece variedad de sandwich y cervezas nacionales e importadas.
Quedan por nombrar locales como La Terraza junto al teatro La Batuta, que presenta a sus clientes una carta de comidas chilenas donde podemos encontrar cordero magallánico, filetes, una variedad de mariscos y corvina, el Madras restaurant en su blanca casona, apuesta con un diseño moderno y cosmopolita a platos sugerentes como pulpo al olivo, avestruz, pichos de camarones cubiertos de coco o un jabalí a la guindilla, Bigas resto-bar con el encanto de la comida española y en un seductor ambiente con velas, se puede degustar Tortilla Española, Salomillo de Cerdo, Chuletillas al ajillo o Calamares fritos, o el nuevísimo Borne 19 en un pequeño local frente a la alcaldía ñuñoína, ofrece tapaditos de pollo y queso, bocadillos de tomate y albahaca, junto a una variedad de tragos. Por último encontramos en una privilegiada esquina, el informal Le Petit Bar, con infinidad de tragos de su chef junto a tablas surtidas para picar y el Blue Pub con su iluminación, atrae a beber a sus clientes cócteles con frutas de la estación y variadas tablas para picotear y conversar.

No podemos finalizar nuestra visita a este barrio que nació al alero de la cultura y la tradición de la clase media, sin mencionar Las Lanzas Restorant, quien se ha ganado un lugar tanto en el tiempo como en su reconocida mesa distendida - sobremesa cultural y política -, a nivel de los buenos conocedores de barrios gastronómicos.


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