Con un origen que le ha dado personalidad e identidad, el Geraldine Restaurant es uno de los más singulares lugares para comer en el barrio Vitacura. Ubicado en la avenida Juan XXIII 6120, el Geraldine comenzó como una panadería y pastelería, que rápidamente se armonizó con un salón de té, generando con ello un lugar donde la exclusiva clientela departía un placentero momento, compartiendo calidad y sabor.

La particularidad de este restorant se manifiesta desde el primer momento en que uno ingresa a él, acogiendo gratamente con una tienda de delikatessen que da un hermoso y cálido ambiente europeo, con vitrinas y un amplio surtido de tortas y pasteles, junto a estanterías que nutren la vista de la más variada selección de productos importados. Este concepto emulado del destacado restorant Rey David de Caracas, Venezuela, fue una de las tantas experiencias que Juan Caprile Solera dueño del Geraldine, aplicó de su residencia de 27 años en ese país. Hombre de grato trato, sencillo, viñamarino e hípico por excelencia, Juan Caprile con una vasta experiencia en gerencia, tanto en IBM como en General Electric, en el país petrolero se asoció a Antonio García, destacado ingeniero civil en Venezuela. Juntos comenzaron un proyecto gastronómico en Chile, conscientes del desafío que esto significaría. Con 10 años de servicio de restaurant, una administración independiente y la abnegada colaboración de su esposa, este empresario se siente satisfecho de los resultados logrados y entusiasta por los desafíos futuros.

El Geraldine Restaurant tiene una capacidad de 100 personas, con ambientaciones que se dividen: una de lineas modernas que presenta muros blancos y madera, junto a un hermoso mobiliario de contornos simples y un recién inaugurado ambiente, especialmente acondicionado como lounge, donde se armonizan colores puros, mobiliarios modernos que buscan conquistar el público joven y concede un espacio para un salón de 30 a 40 personas, muy práctico y económico.

El Geraldine se autodefine como una "cocina internacional con énfasis en la gastronomía italiana", y podemos dar fe de ello al descubrir en su carta platos tan destacados como: Bucatini, pasta larga con salsa carbonara, Pappardelle Naturale o al Salmone, con salsa de camarón ecuatoriano y espárragos, Fettuccine, con salsa de salmón y menta, Linguine Prezzemolo, con salsa de perejil, aceite de oliva, vino blanco o un Conchiglioni Ripieni, pasta en forma de caracola, rellena con jaiba y ricotta, en salsa quattro formaggi y pomodoro entre otros platos.

Pero sin lugar a dudas el Risotto es el plato que más enorgullece y reconoce al Geraldine Restorant, con tipos de arroz como el arborio o el carnaroli y una carta que satisface al más fanático de los consumidores del Risotto. Podemos encontrar variedades tan diversas como el Risotto Primavera, cocido en fondo de verduras, mantequilla y parmesano, guarnecido con zucchini, fondos de alcachofas y tomates deshidratados, Risotto Mare e Monti, cocido en fondo de verduras, parmesano y vino blanco, guarnecido con zucchini, fondos de alcachofas, ostiones y/o camarones o el Risotto allo Champagne, cocido en champagne, acompañado de champiñones, puerros y hojas frescas.
Además de la tienda de delikatessen que acompaña al restorant, se han desarrollado otros negocios asociados al Geraldine. En primer lugar está la comercialización de sus productos importados y la implementación de Geraldine Eventos. Con este último, se hizo cargo hace casi 18 meses de la concesión de la Casa Italia, de Viña del Mar, una hermosa, tradicional y centenaria casona, lugar de encuentro, desde 1960, de los italianos residentes. Aquí junto a un segundo restaurant, se preparan eventos sociales en un salón con capacidad de hasta 200 personas.

Así es el Geraldine, una singular propuesta donde, desde su dedicada bollería, está presente entre otras empresas desde hace 5 años en Lan Chile, a través de La Marmite, como también en el prestigioso y exigente Hotel Ritz-Carlton, Santiago, hasta la atención personalizada de su restaurant, donde confluyen entre otros clientes, la colonia italiana, que buscan la destacada carta y productos delikatessen de reconocida calidad.

Este joven chef, reconoce su reencantamiento con la gastronomía desde su incorporación al Geraldine Restaurant. Con el respaldo del dueño don Juan Caprile y la clientela que lo aprecia en su cocina, el Chef Hernán Pastil, retomó su vocación.

Este cocinero, inició sus estudios de auditoría por una decisión familiar y con gran resignación. En 1992 entró a estudiar cocina, profesión que lo interpreta plenamente. Su educación en este campo lo hizo en INACAP del Pueblito del Parque O'Higgins y lo terminó años después en la sede de Chesterton.
Su práctica la realizó en el Hotel Crown Plaza, desde ese momento su dedicación a la gastronomía se encaminó por el lado administrativo, realizando trabajos de costos de platos y diseñando cartas para importantes cadenas, complementando su tiempo con clases en la misma área.








A través de una empresa externa llegó a Geraldine Eventos para hacerse cargo de su implementaciones. Allí empezó acercándose a la cocina, luego vino el reconocimiento a su dedicación, encargándose del restorant, que empezaba una nueva etapa. Con experiencia en costos, estudios de gastronomía y un enviable surtido de productos de la más alta calidad, Hernán dió rienda suelta a su creatividad culinaria.

Hoy con sólo 33 años, el Chef Hernán Pastil, tiene una carta de 68 platos de fondo con una gran variedad de cocinas. Trabaja con un equipo de 4 personas y se siente orgulloso de ser un autodidacta del Risotto y haber conseguido un reconocimiento entre quienes saben. Con 8 variedades de Risotto, que en primavera llegan a 16, ocupa la misma filosofía de no fusionar y dar el protagonismo al arroz. Hernán se siente muy confortable en su puesto, pues le permite un acercamiento a su clientela y una libertad de creación sin grandes restricciones, privilegiando el sabor y la calidad de sus platos.
Carpaccio Tailandés: Láminas de filete braseado a la oliva y soya, acompañado de tostadas a la pimienta.
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