"El cocinero es un artesano en sí mismo, cada uno de ellos lo es, también debe tener una verdadera vocación que demuestre sacrificio y renuncia, de lo contrario, nunca va a llegar a ser un buen chef. El cocinero es un artista, un creador que debe tener pasión por la cocina, y si falta eso, va a ser un trabajador más. Existe mucha gente talentosa, pero buscar un trabajo sólo por conseguir algo, no es suficiente, como no es suficiente hacer una pasta, hay que hacer la mejor y más rica pasta, y para eso está la pasión y el amor por la profesión."
.

Josef Gander nació en Italia, en un pueblito alpino cercano a la frontera con Suiza. Aún resonando en sus oídos el ensordecedor eco de la guerra, los sobrevivientes de una dolida Europa intentaban erguirse de entre sus ruinas morales y físicas. Proveniente de una familia modesta, en el hogar de los Gander escaseaban los alimentos, se comía sólo polenta con mermelada, y las naranjas se veían una vez al año, colgadas en un árbol de Navidad. Tiempos duros para el joven Josef, quien con apenas 16 años, y sin dinero para proseguir sus estudios, luchaba por sobrevivir intentando encontrar trabajo en la cercana Suiza, único país que estaba en condiciones de dar trabajo a víctimas de la post guerra.

Considerado a sí mismo un hombre de suerte, en el primer hotel suizo que solicitó trabajo, la esposa del chef que allí trabajaba, provenía también de Los Alpes, circunstancia que lo favoreció para obtener el puesto. Sus humildes comienzos como lavaplatos y ayudante de cocina no fueron fáciles, el trato no era de los mejores y los salarios distaban de ser justos. Siempre con la fortuna a su favor, fue contratado después por el lujoso Hotel Beau-Rivage Palace, en Ouchy, Lausana, perteneciente a la Suiza francesa. En su cocina habían chefs alemanes y austríacos, garzones italianos y barman portugueses.

El romance era el idioma oficial de la zona fronteriza de donde provenía Gander, las raíces de este dialecto se encuentran en los antiguos romanos, pero a partir del año 1400, por iniciativa de un cardenal de la época, se comenzó a hablar alemán. El idioma dominante en Suiza es el francés, aún cuando se trate de la suiza alemana o italiana, y en el primer trabajo de Gander como cocinero propiamente tal, le pidieron hacer pommes de terres naturels, como no entendía lo que se le pedía, apeló al universal lenguaje de los gestos, pudiendo cumplir con su trabajo. Para un provinciano como él nada fue fácil, el lujoso mundo de los hoteles en que trabajaba era muy diferente a su propia realidad, y el hecho de ser extranjero en un país especialmente nacionalista, era un peso adicional a su condición.

Después de doce años trabajando en Suiza, la vida profesional del chef sufrió un brusco giro. El President, un hotel de lujo de la ciudad de Johannesburgo, en Sudáfrica, necesitaba cocineros, y un inquieto Gander nuevamente estaba trabajando en un hotel de alto nivel, en el que familias como los Oppenheimer eran pasajeros habituales. De 53 pisos, este hotel tenía en su restaurante principal una pared de oro puro, todo el personal era de origen europeo, y una banda completa de músicos que provenía de Roma. Sólo se hablaba inglés, y tal como el idioma galo, hubo Gander de aprenderlo en la práctica.

Catorce meses estuvo el chef en Sudáfrica. Trotamundos empedernido, el chef viajó a Bangkok, capital de Tailandia. Lo que en un principio fue una mezcla de cocina tailandesa con suizo-alemana, derivó lentamente hacia lo puramente asiático. "Los tailandeses hacen muy buena comida - opina Josef Gander - su cocina es muy interesante y son buenos cocineros. Tal vez sus platos son muy picantes, pero por el clima quizás necesitan ese tipo de preparaciones".
En la década de los 80, participó en la inauguración del Hotel Hilton de Bogotá, en Colombia. Ocupando el cargo de Sub Chef Ejecutivo, no tuvo problemas con el idioma pues sus jefes sólo hablaban alemán, y en el año y medio que ejerció allí, sus esfuerzos se encaminaron a aprender el español.
Nuevamente las maletas y Gander, emprendieron el vuelo. El Hotel Hilton de Trinidad Tobago, en el Caribe, lo esperaba como Chef Ejecutivo. Con dos Sub Chefs alemanes a su cargo, Josef Gander confiesa que este trabajo ha sido uno de los más duros de su carrera.

Gastronómicamente la cocina del Caribe es muy interesante - explica el chef - allí aprendí a preparar el curry, el cordero o el pescado ahumado, que es herencia de los piratas, trabajé mucho con camarones, langostas, y a pesar de que faltaba la leche, la carne o las buenas lechugas, que se importaban, siempre un buen chef debe ingeniárselas para hacer bien su trabajo y estar dispuesto a aprender, siempre, eso es lo interesante de este oficio - finaliza.

Nuevamente otro paisaje, gente y una cultura diferente lo esperaban. El Hotel Hilton de Melbourne, Australia, con una gastronomía de alto nivel, night club de lujo, cuatro restaurantes, tres bares, y una hotelería top, le hicieron sentir que estaba cumpliendo un sueño, quizás inimaginable cuando comenzó, a sus cortos años, a trabajar dejando atrás su lejano pueblito fronterizo. Con 85 cocineros europeos a su cargo, langostas enormes, y pescados en hielo con el caviar ruso dentro y luces en su entorno, era una cocina suizo-francesa, con altos estándares de calidad.
Sus ocho años en Australia lo marcaron, y esta cocina ha sido un referente para él a la hora de elegir una buena influencia. Sin embargo, y a pesar de estar establecido y tener una vida organizada, se vino por un año al Hotel Sheraton San Cristóbal de aquella época. Después de la partida del Chef Ejecutivo, Josef Gander, se hizo cargo de
la cocina del hotel. A partir de ese momento, comenzó a desarrollar todo lo aprendido a través de su extensa carrera. Sin embargo, en su afán de imponer un ritmo de trabajo y una fuerte disciplina profesional, tuvo problemas al enfrentar una mentalidad muy distinta a la que tradicionalmente estaba habituado. A pesar de que mantiene rasgos de su firmeza de carácter que lo caracteriza, afirma que "he logrado entender que se puede ser duro a veces, pero no siempre".
Además de exigir mejor calidad a sus dirigidos, implantó en nuestro país el sistema internacional de cocina. En Chile, el cocinero era solo cocinero, gracias a la estandarización que hizo Gander en la profesión, denominaciones como Commis, Demi Chef de Partie, Chef de Partie, fueron a partir de entonces, un lenguaje común en el ámbito profesional.

El Chef Josef Gander, se considera un chileno más y le satisface el haber ayudado a elevar el nivel de la profesión, cuyos sueldos eran muy malos, logrando posicionar a los cocineros que no eran bien considerados y respetados, "afortunadamente, esa forma de pensar ha cambiado - indica - y estoy feliz de haber contribuido a ello."

Postre de la carta:
"Gran degustación de nuestros dulces del menú"










Plato de origen asiático, tipo japonés: Trilogía de tempuras con sorbette de Laychee y Jengibre










Filete de Turbot braseado con limones confitados, salsa al azafrán, comino y sauté de papas.



Cocktail de Langosta y Centolla fresca de Punta Arenas, sobre mango, camarones, avocado guacamole y mousselina a la crema.


www.nexografico