"Aunque en Chile Carlos Meyer ha vivido momentos muy duros, nunca pensó en cambiar de rubro porque le inculcaron que la gastronomía era lo suyo, a la que debía dedicarse siempre, persistentemente. Atribuye el éxito con "El Europeo", dentro de los mejores cinco restaurantes de Chile, a la severa educación y conocimientos adquiridos en Europa, que allá se va transmitiendo de generación en generación, en un constante perfeccionamiento."

Nacido en la ciudad de Osorno y formado en Suiza, donde viajó el año 1972, el Chef Carlos Meyer es hoy uno de los profesionales más respetados entre sus pares, y uno de los más premiados por la crítica especializada con su Restaurante El Europeo.

Su madre era una excelente cocinera, alemana de quinta generación, y a la que le gustaba observar mientras trabajaba. Su padre era suizo de nacimiento. Con orgullo, nos cuenta que su abuelo llegó a Chile como ingeniero civil el año 1900, contratado para trabajar en obras ferroviarias; estuvo en las salitreras y después trabajó en el tramo Osorno-Puerto Montt. Por una cierta similitud con el clima de su natal Suiza, el abuelo se estableció en Osorno, donde se casó con una alemana y se dedicó a la agricultura.
Carlos Meyer se considera una persona inquieta, que por haber sido criado entre dos culturas, no se considera ni chileno ni suizo, más bien siente que pertenece al mundo, no arraigado a un determinado lugar, ni que sus raíces estén en algún sitio especial, a pesar que hoy reconoce que le costaría moverse del país por el sedentarismo de los años.

Estudió hotelería y gastronomía en Suiza. Primero hizo dos años de aprendizaje como garzón-sommelier - allá ambas actividades se realizan juntas - para después ingresar a una escuela comercial y una hotelera; comenzó lavando platos y peldaño a peldaño fue escalando puestos. Admite que por su personalidad, en Suiza le costó mucho obedecer órdenes, por lo que tuvo constantes problemas. Su mayor anhelo siempre fue independizarse, pero instalar un hotel era una meta muy cara para implementarla, por lo que optó por orientar sus esfuerzos y objetivos a inaugurar un restaurante. Regresó a Chile el año '89, su permanencia en el país alpino fue de casi veinte años, pero siempre vinculado al mundo de la cocina.

En Osorno, en un pequeño terreno agrícola de la familia, al lado del lago Puyehue, Carlos montó su primer negocio, una sencilla hostería con un restaurante que en tres temporadas adquirió prestigio. Posteriormente la hostería se quemó, lo que hizo que Meyer se trasladara a Santiago. Muy inquieto por reiniciar un nuevo negocio lo más pronto posible, esta vez en la capital, y marcado por su formación en Suiza, adquirió para su proyecto un local en Vitacura con Nueva Costanera. Así fue como en 1992 inauguraba su restaurante "El Suizo". Este nombre - nos comenta el Chef - tuvo un lado positivo y otro negativo. Muchos relacionaban a Suiza sólo con bancos, relojes, quesos (fondue) o chocolates, además de esto, la gente esperaba que le sirvieran fondue o raclette, pero lo cierto es que con el conocimiento adquirido en restaurantes de muy alto nivel, su carta era muy amplia y de una gastronomía boutique. Con el restaurante le fue muy bien, asegura, estuvo funcionando hasta el año 2000, pero convencido que la ubicación es un tercio del suceso de un restaurante, que complementa el servicio y la cocina, un tercio cada uno, considera que la ubicación de su restaurante no era la más adecuada
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Filete de vacuno sobre risotto arborio con fungi `porcinni y reducción de merlot.

No transcurrió mucho tiempo para que este emprendedor chef abriera en junio de 2001 el restaurante El Europeo, con un éxito impensado que triplicó sus ventas. El Europeo fue un acierto, dice, desde su nombre, ubicación, y el concepto del local que son dos restaurantes con una misma cocina, con dos cartas diferentes: un restaurante que es más formal, elegante, y la Brasserie, que es más informal, incluye la pérgola y es más económica. Señala que fue crucial para su proyecto, la ayuda que obtuvo de empresarios chilenos que le tendieron la mano.

Lo que más le ha costado a Carlos Meyer, es traspasar a su gente lo que él quiere como restaurante, una disciplina tal vez demasiado rígida, afirma. Manteniendo su formación europea, se preocupa detalladamente de la pulcritud, que es algo muy importante en el rubro, aseverando que el orden y la limpieza son esenciales.
El Chef Carlos Meyer siempre está detrás de cada plato que presenta, y nos recalca que hay que responder por la calidad que se entrega, y eso la gente lo quiere ver, sentir y palpar, incluso quiere ver al chef. A su equipo de trabajo que lo acompaña en la cocina y en la atención de las mesas, y tiene años con él, lo ha capacitado profesionalmente para dar siempre un excelente servicio. Meyer revela que existe un problema cultural con el tema servicio, y nos comenta que en Chile el servicio no es profesional, que se malinterpreta, confundiendo sumisión con servicio, generándose un problema cultural grave. Un buen servicio, apunta, debe ser muy profesional, el que atiende al cliente tiene que dominar una cantidad de productos y saber lo que ofrece, tener sicología con la gente. Aquí se cree que es llevar un plato a la mesa, pero no es así. Para este objetivo, se reúne una vez a la semana con su gente, para cosas buenas y malas. Además, el buen servicio se debe pagar bien - agrega - y con mucho orgullo dice que tiene uno de los servicios mejor pagados del área.

En cuanto a la carta, a dado buenos resultados especialmente a la hora de almuerzo, con menús lights y un servicio más rápido, con diferencias de precios entre $30.000 y $15.000 por persona. Entre los platos más caros se encuentra el abalón, la centolla, la langosta, el turbot, el mero o el filete de ciervo, entre otros, y que el cliente exigente lo paga junto a la calidad, la ambientación y un servicio de excelencia, que es el plus del restaurante. Su orgullo es atender al máximo empresariado de Chile, que busca un local tranquilo para conversar, comer rico y sano.Meyer cambia la carta dos veces al año casi completamente, las otras veces, la retoca. En cuanto a la relación con el número de proveedores, hace una comparación con Europa: "Un restaurante como el mío, en Europa funciona con tres proveedores, en Chile funciona con 30, casi un producto por cada proveedor". Para un restaurante de esta categoría, que compra poco, con especificaciones de calibre, calidad, frescura y variedad tiene que ser muy buen proveedor, y es difícil encontrarlo en uno solo. Esto además se traduce en precios más altos, por eso el producto final tiene un valor más alto.

El Chef Carlos Meyer luce orgulloso los premios del año 2001, al mejor Chef del año, otorgado por el Círculo de Cronistas Gastronómicos de Chile, y los otorgados por la revista Wikén de El Mercurio, al mejor restaurante de Santiago, los años 2004, 2005 y recientemente el año 2006. Junto a estos una mención publicada por la Revista Argentina, La Nación de Buenos Aires, donde lo comparan con Francis Mallmann, el destacado Chef trasandino. Así es el vertiginoso Carlos Meyer, lleno de nuevos desafíos y creador por excelencia.










Sufle de Chocolate con helado de queso de cabra y salsa

de guindas acidas.










Camarones envueltos en papas hilo.



Mero antartico al horno

sobre espuma de Noilly Prat.






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