Podríamos asegurar que toda pasión surge desde nuestra creación y que cada año vamos revelando algo que nos es innato y auténtico. Este es el caso de Walter Monticelli y su apasionamiento gastronómico. Junto al calor familiar - su familia, dueña de un pequeño ristorante - en un sencillo y campestre pueblo de la mediterránea Italia, donde los sabores y aromas se alternaron con su educación. Aquí supo llevar su naturaleza a lo más alto de la tradición culinaria.

Hombre de grato trato, cordial y extrovertido, lo que nos permitió augurar una fluida y cálida conversación entre sus experiencias, recomenda-ciones y profesionalismo a toda prueba - característica básica de nuestro proyecto editorial - abordando cada espacio de su vida, cocina y mesa internacional.

Con una visión muy fresca de la gastronomía - fruto de años de estadía
en la cosmopolita Nueva York - se avecindó en nuestro país hace más de 3 años, invitado para dirigir como chef ejecutivo, la cocina del premiado restaurante Bici - en el Hotel Intercontinental - moldeando su estilo inimitable en cada plato que el propone a su exclusiva clientela.

El viajar se ha convertido en una de sus mejores escuelas, donde el intercambio cultural ha florecido en experiencias de una riqueza profesional infinita.

Asiste permanentemente a las más famosas ferias internacionales de gastronomía y restaurantes, en ciudades tan diversas como Londres, París, Ámsterdam, Frankfurt ó Nueva York.

Observando ávidamente cada presentación, decoración y servicio en los locales que recorre. Es así como Walter tiene una subjetiva percepción de la cocina gastronómica chilena - con una mirada constructiva - destaca la variedad propuestas de cocina y estilos, pero sugiere mejorar aún más en su nivel técnico, con un recetario más actualizado además de poner la limpieza a toda prueba hasta en el último rincón. Tanto en la producción de alimentos como en el salón de mesas.

Monticelli es un chef las 24 horas del día, con dedicación plena por la alta cocina, ha contribuido a poner un nuevo concepto en los restaurantes dirigidos por él - Bice y Pasta e Basta -, buscando crear en cada plato una grata experiencia de sabor natural e innovación culinaria. En sus recetas encontraremos su personal preferencia por una base mediterránea y productos naturales, como el orégano y el estragón - siempre en forma fresca - o su exclusiva y gustosa aceituna de Gaeta (Italia), logrando con ello un reencuentro con las raíces de la cocina.

Su corta pero fructífera estadía en nuestro país, ha capitalizado su esfuerzo creativo en su restorante Pasta e Basta - en el Boulevard del Parque Arauco - aquí es donde Monticelli concentra su apuesta gastronómica con una cocina moderna y audaz. Dentro de un ambiente ítalo-americano - un estilo muy Newyorkino - sencillo y de simples líneas, con acero que se enmarcan entre rojos y negros, junto la cálida chapa de ladrillo que recorre sus muros.
La cocina aunque pequeña, se ha distribuido perfecta y equilibradamente entre refrigeradores, hornos, y un mesón central donde un equipo de alrededor de 12 personas, conducidos por Ariel Rodríguez y Claudio Contreras - quienes anteriormente trabajaron en el Bice- preparan cada plato con habilidad, otorgando una jerarquía al sabor antes que a la decoración. Cada procedi-miento de elaboración y vencimiento de alimentos en la cocina está debidamente marcado con etiquetas autoadhesivas, hasta su llegada a la cámara fría - experiencia que obtuvo en su trabajo en Disneyworld - las que ayudan a una más expedita e inmediata respuesta a la masiva clientela que se congrega a las horas de mayor demanda.
El acero inoxidable presente en toda la impecable cocina del Pasta e Basta, contrasta con su cálido menú, el cual se adecuo al público que
visita el Mall.

Esta es una consideración muy importante, que ha tomado en sus constantes viajes - en especial Nueva York - " para el éxito de un restaurante, hay que analizar la idiosincrasia del país y el mercado que integra su posible clientela", nos asegura. Es así como encontraremos dentro de su vasto menú, una variedad de platos ítalo-americano - para toda la familia - entre quienes prefieran las suaves pastas como Golfo di Capri o una "Pizza Margarita" con masa piedra de dedicada producción y sabor inigualable que permitirá a aquellos "fanáticos", repetírsela sin miramientos. Gigantescos sándwich "Pan Foccacia", aprovechan toda la creatividad de este chef innovador, pesto italiano, espinaca o mousse de alcachofa importada se combinan gustosamente entre sus rebosantes ingredientes o por último un exquisito plato de papas fritas - con papas frescas recién cortadas y freídas - que resguarda su sabor original.

La pastelería - de propia elaboración - hace gala de su presentación con una vistosa vitrina que acoge a cada cliente a su ingreso. Una bien presentada carta, prepara a los visitantes que almuerzan o cenan, a degustar un trozo de torta que hasta los más golosos, considerarán abundante.

Con su personal acento ítalo-español, nos confiesa, su trato siempre directo con su personal. Preocupándose de cada detalle en sus locales, no sólo de la carta que prepara junto a su equipo, sino también la selección de sillas, mesas, fotografías, luces, vasos de grueso cristal - que optó
para aumentar su vida útil -, los dichos en italiano que decoran los blancos platos o como la incorporación de un ascensor para minusválidos, que revelan su dedicación a toda prueba.

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